Los primeros embarazos mundiales con FIV (fertilización in vitro) ocurrieron a principios de los años ochenta. En un ciclo de FIV “estándar o convencional”, los óvulos colectados se incuban juntamente con esperma preparado en una placa de Petri en condiciones adecuadas de pH y temperatura. Típicamente, miles de espermatozoides móviles deben incubarse con un óvulo para lograr una fertilización normal, lo que luego conducirá al desarrollo de embriones y blastocistos.

A fines de los años 80 y principios de los 90, había una gran frustración con los resultados de la fertilización en parejas con infertilidad masculina moderada y grave. Los hombres cuyo análisis de semen mostraban bajos recuentos de espermatozoides, baja motilidad progresiva y/o mala morfología de espermatozoides, por lo general no podían fertilizar o tenían tasas muy bajas de fertilización, comprometiendo así el resultado del ciclo. En 1992, un grupo de investigadores desarrolló ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoide). Esta es una técnica de microfertilización, por la cual un solo espermatozoide se microinyecta directamente en un ovocito maduro.

Se notó de inmediato y en todo el mundo que ICSI beneficia a todos los tipos de problemas observados con espermatozoides, como recuento bajo, motilidad, forma o cualquier otra disfunción del esperma, e ICSI es ahora la técnica de elección para usar en todas las parejas con un diagnóstico de infertilidad masculina. La aplicación de esta técnica se expandió rápidamente a otras indicaciones masculinas, como el uso de espermatozoides crioconservados (congelados) y al descubrimiento de que los espermatozoides obtenidos de los testículos o el epidídimo podían fertilizar con éxito los ovocitos, un concepto que no se conocía anteriormente. De ahí que hoy en día, los hombres con ausencia total de esperma del semen (una condición llamada azoospermia), pueden ser sometidos a una biopsia testicular o epididimaria para la recuperación de espermatozoides, y ​​a través de ICSI tener bebés normales.

La azoospermia puede ser obstructiva (debido a la cicatrización inflamatoria-infecciosa del epidídimo), iatrogénica como la vasectomía (ligadura anticonceptiva del conducto deferente), o congénita (como los hombres que presentan ausencia congénita del conducto deferente). La azoospermia también puede ser no obstructiva, y en estos casos, a diferencia de los anteriores, hay un problema básico y fundamental con la producción de esperma. Estos hombres deben ser asesorados sobre las posibles asociaciones con cromosomas y otros problemas genéticos, y los resultados pueden ser óptimos o no, incluso si hay esperma recuperado mediante la biopsia.

Debido a los excelentes resultados de la fertilización, los clínicos y los embriólogos han ampliado las indicaciones para ICSI. Es obligatorio realizar ICSI cuando se realiza la congelación de óvulos. Hoy en día, cada vez se realizan más casos de congelación de ovocitos para preservar la fertilidad, tanto en casos de cáncer como por razones sociales. La inyección de esperma en los óvulos calentados post vitrificación produce tasas muy altas de fertilización, que no se ven sin ICSI.  ICSI se usa de forma rutinaria en casos de pruebas genéticas o cromosómicas para diagnóstico de preimplantación (PGD y PGS).

Otras indicaciones son más controvertidas y no están totalmente implementadas siguiendo medicina basada en la evidencia. No obstante, ICSI se realiza en más del 60% de todos los ciclos de FIV en casos de infertilidad no masculina, incluidas las parejas con infertilidad inexplicable, edad materna de 38 años o más, baja recolección de ovocitos, y con 2 o más ciclos de tecnología reproductiva asistida previa y sin nacimientos previos vivos.

Los hallazgos de algunos, pero no todos los estudios sugieren que la ICSI se asocia con un mayor riesgo de anomalías cromosómicas, autismo, discapacidades intelectuales y defectos de nacimiento en comparación con la FIV convencional. Pero este aumento de los riesgos puede deberse a la subfertilidad (es decir, al trasfondo genético) y no a la técnica.

De acuerdo con la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva, el ICSI es un procedimiento seguro y eficaz para parejas con infertilidad por factor masculino, y que puede mejorar la posibilidad de fertilización en parejas con una fertilización deficiente en un ciclo de FIV anterior. ICSI está aquí para quedarse y seguirá ayudando a miles de parejas a concebir a través de ART.

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• El doctor Sergio Oehninger,  especialista en infertilidad en Sher Fertility Institute Nueva York, tiene tres décadas de experiencia en infertilidad y FIV, con atención personal y dedicada, y fluidez en inglés y español.