La respuesta es SI.  Ahora es evidente que varios factores del estilo de vida pueden influir en la fertilidad. Por lo tanto, es importante atender estos problemas desde el comienzo de su planificación para concebir, y aún más a medida que los tratamientos se vuelven más complejos, particularmente con FIV.

Se estima que el 38% de las mujeres adultas en los Estados Unidos son obesas (frente al 34% de los hombres adultos). La obesidad femenina tiene un efecto negativo sobre las tasas de concepción espontánea y asistida. También aumenta el aborto espontáneo, parto prematuro, muerte fetal intrauterina, riesgos perinatales como diabetes e hipertensión gestacional, necesidad de parto quirúrgico y otras complicaciones como infección de la herida operatoria y tromboembolismo.

Existen mecanismos complejos por los cuales el sobrepeso y la obesidad reducen la fertilidad femenina. En particular, el estrés oxidativo, la inflamación y la resistencia a la insulina son mediadores comunes de esos efectos. La obesidad también es un factor agravante prominente en el desarrollo del síndrome de ovario poliquístico.

Por otro lado, la obesidad masculina puede asociarse con hipogonadismo, riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular, disfunción sexual y análisis anormal del semen, lo que contribuye a la infertilidad.

Mujeres y hombres con sobrepeso y obesidad generalmente tienen una dieta muy poco saludable, y la mayoría son sedentarios. El ejercicio regular puede reducir el estrés oxidativo y mejora notablemente la sensibilidad a la insulina. En un estudio observacional, las mujeres obesas que hacían ejercicio regularmente tuvieron una tasa de éxito tres veces mayor con FIV en comparación con las que eran sedentarias. Una dieta prudente, que se asocia con logro de embarazo con FIV, contiene más antioxidantes, es antiinflamatoria y se asocia con una disminución de los marcadores circulantes de inflamación, lo que a su vez mejora la sensibilidad a la insulina.

Una dieta saludable y ejercicio regular son cambios en el estilo de vida que con el tiempo pueden resultar en una pérdida de peso gradual, progresiva y sostenida y una mejor salud general. Las dietas que resultan en la pérdida de peso a corto plazo generalmente son seguidas por la recuperación del peso. Como tal, debemos alentar cambios positivos en el estilo de vida durante 3-6 meses antes y durante y después de la FIV, en lugar de requerir una pérdida de peso rápida y marcada, que carece de evidencia de eficacia y puede ser perjudicial.

En otro estudio reciente de IVF-ICSI, un patrón dietético de “bajo consumo calórico y con pocos alimentos procesados” caracterizado por ingestas elevadas de frutas, verduras, pescado y granos integrales y baja ingesta de snacks, carnes y mayonesa, se correlacionó positivamente con el contendido de folato en los glóbulos rojos. Mejor aún, un patrón dietético “mediterráneo” con alto consumo de aceites vegetales, verduras, pescado y legumbres y una baja ingesta de snacks, no solo se correlacionó positivamente con el folato en glóbulos rojos y los niveles de vitamina B6 en sangre y fluido folicular, sino que ¡la alta adherencia de la pareja a esta dieta aumentó la probabilidad de embarazo!

Resumen y recomendaciones

  • Planificación anticipada: tenga en cuenta el impacto negativo de retrasar la fertilidad: la fertilidad disminuye con la edad, tanto femenina como masculina.
  • Optimizar las relaciones sexuales durante el periodo ovulatorio. Controle el estado ovulatorio con pruebas urinarias fáciles de usar.
  • Modifique los malos hábitos personales: como les digo a mis pacientes: si su mano derecha está trabajando para aumentar la fertilidad, no permita que su mano izquierda trabaje de manera opuesta. Deje de fumar, suspenda el consumo de alcohol, evite el exceso de cafeína (té regular y café), haga ejercicio moderadamente y cambie sus hábitos dietéticos según corresponda.
  • Una recomendación razonable de la dieta y suplementos sería: una dieta saludable con frutas (especialmente bayas -cerezas, arándanos, fresas, moras) y verduras (especialmente cocinadas), baja ingesta de carne roja y sin grasas trans (no a las rosquillas, donuts, pasteles franceses o alimentos fritos). El aceite de oliva, los aguacates y las nueces son buenos. Suplementos tales como ácidos grasos omega 3 (EPAS / DHA) y vitaminas (ácido fólico, vitamina C y E -antioxidantes) son recomendables.