¿Cómo? ¿Doctor, qué quiere decir con que no sabe? ¿Mi esposo y yo hemos realizado todas las pruebas que recomendó y no hay respuestas? Si no soy yo, y no es él, ¿entonces qué es lo que nos impide concebir? Una reacción emocional, muchas veces en forma de aumento de la ansiedad, tristeza o incluso depresión, sigue a menudo al diagnóstico de “infertilidad inexplicable”. No saber el “por qué” puede ofuscar, exasperar, e incluso desequilibrar, lo que a veces conduce a un trauma emocional que puede afectar la relación de la pareja. Si se descubre una causa específica, la situación también es difícil, pero conocer la raíz del problema lo hace más tolerable.

No para hacerla sentir mejor, pero debo decir que la infertilidad inexplicada es frecuente: se encuentra en el 20-25% de las parejas. Este diagnóstico es consecuencia de la normalidad de los análisis de los espermatozoides del compañero, y del estudio del útero, las trompas y el estado ovulatorio de la mujer. Si estos análisis no arrojan anomalías, la pareja se califica como “infertilidad de causa desconocida o inexplicable”. En ese momento, las parejas pueden ser dirigidas a pruebas más “sofisticadas” en busca de causas más raras de origen inmunológico, sistémico y/o cromosómico/genético. Pero a veces se pueden encontrar anomalías menos evidentes con exámenes más comunes, como un análisis en profundidad de la reserva ovárica, una histeroscopia (descartando pólipos endometriales, tejido cicatricial o inflamación-endometritis), ensayos de receptividad endometrial novedosos, pero aún no probados, y hoy en día verificando los grados de fragmentación del ADN espermático.

Pero es posible que en algunos de estos casos haya “defectos sutiles” que pueden afectar el transporte de gametos por las trompas o la captación ovular, la ovulación por sí misma y/o la calidad del ovocito, la función de los espermatozoides y hasta la implantación.  Muchos de estos defectos aún son difíciles de identificar, incluso hoy en día.

Dado este diagnóstico chocante y temido, la pareja puede optar por seguir intentándolo por su cuenta (“manejo expectante”). Pero teniendo en cuenta los efectos emocionales y el tic-tac del reloj ovárico, eso no es lo que recomiendo.

Así que aquí están las buenas noticias: (1) No saber la causa de su infertilidad significa que se pueden explorar todas las opciones terapéuticas, siempre que usted sea perseverante y tenga los recursos disponibles; (2) las parejas con infertilidad inexplicable dirigidas a la terapia inseminación intrauterina (IUI) tienen una tasa de éxito relativamente buena; (3) finalmente, si fallan estas avenidas terapéuticas, la fertilización in vitro (FIV) se convierte en una forma lógica y muy exitosa de intervenir, con tasas muy altas de concepción, especialmente si la mujer es menor de 38 años. De hecho, muchas parejas con este diagnóstico lograrán un embarazo con FIV, más típicamente aumentada con ICSI (inyección del espermatozoide en el óvulo), para eliminar también el impacto de un factor masculino oculto.

No permita que el diagnóstico de infertilidad inexplicable la frustre; más bien úselo como un factor de motivación para seguir estas recomendaciones. Y manténgase optimista, que esta esperanza se basa en datos reales.